Eres responsable de lo que publicas.

Resguardados tras la pantalla del celular y con el delirio descontrolado de la "libertad de expresión", muchos consideran relevante estar a la expectativa de situaciones que puedan poner en evidencia momentos y circunstancias cotidianas para hacer mofa y expresar sus opiniones, sin tomar precaución de que esas acciones pueden tener serias consecuencias.

Hoy en día el "bufe" o "bullying" en el entorno de comentarios, con o en fotos sacadas de contexto; imágenes convertidas en memes que sugieren un tiro al blanco de insultos y provocaciones mediáticas de atención, que es común encontrarlos convertidos en escándalos en redes sociales, que en algunos casos han trascendido a demandas legales en distintas partes del mundo.

Detrás del teclado "touch", la burla y las opiniones delirantes en el deslumbrado contexto del "influencer" se nutren de la ignorancia de la masa en el plano digital, ocasionando consecuencias serias en la realidad, que pueden ir entre desprestigio, despidos, burlas o hasta suicidios.

En México de los 120 millones de habitantes, hay al rededor de 63 millones de redes sociales según Leobardo Hernández Audelo, maestro en Ciencias Computacionales por la UNAM, lo que aumenta que la relevancia de la información equivoca sea "viralizada" en plataformas digitales.

“Es aconsejable que la gente piense bien antes de publicar, para que no vayan a arrepentirse luego”, enfatizó Fernanda Cervantes, directora de medios sociales e investigación de la agencia Darwin by Lionbridge. Aunque parecería un asunto lógico y de sentido común hay quienes no lo toman en cuenta.

En México la constitución marca:

Artículo
6o.- La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público.

La problemática reside entonces cuando la intimidad o privacidad del ser humano es vulnerada por otros particulares, en este contexto por el exceso del ejercicio de la libertad de expresión, poniendo en exposición el único objetivo que encuadra en algún tipo de penal especifico (difamación, calumnia, injurias, etc.).


Por lo tanto hay que ser muy sagaz con la información, sobre todo la ajena, para evitar vulnerar la integridad de terceros. 



Situaciones tan comunes como el que un individuo asiste a una reunión y sea captado en video o fotografía  y sea etiquetado por otras personas sin su consentimiento, podría convertirse en un caso de atención legal que establecen sanciones de hasta tres años de prisión por amenazas e intimidación a través de sistemas digitales (cyberbullying) y  el uso de imágenes de otros como forma de chantaje: "al que amenace a otro (...). haciendo uso o empleo de comunicados o mensajes enviados a través de medios o sistemas informáticos o le amenace con divulgar la información, datos o imágenes obtenidos a través del acceso ilícito a dichos medios o sistemas informáticos" artículo 282 del Código Penal Federal).

Al exponer datos que no le pertenecen podría incurrir en una violación al derecho a la intimidad sobre decidir y ejercer control sobre la información personal contenida en plataformas públicas o privadas. 

Subrayando en este último caso las afectaciones que puede sufrir el individuo en el circulo primario de sus relaciones familiares,  afectivas o laborales.


Otro ejemplo a considerar es el evidenciar fotos, videos o audios de menores de edad en situaciones que al ser publicadas se vuelven una huella, un tatuaje que los acompañará de por vida, ya que si la gente no olvida, el internet puede ser eterno, repitiendo cíclicamente eventos vergonzosos, aún fuera de contexto, desprendiendo prejuicios y desprestigio a él o los involucrados. ("La caída de Edgar")

Para la reflexión:

Al ser participe de algún "challenge", tendencias y modas en formas de actuar o conducirse, o exhibir a terceros, se expone la integridad del participante ante un océano de señalamientos que pueden desbaratar la integridad, la honorabilidad, el respeto y otros valores fundamentales anteponiendo a estos como el precio por alcanzar ese estado aspiracional fortuito del influencer o figura pública.

Al generar polémica, el despertar opiniones con una protección acorazada de una pantalla de por medio, que en dos toques se cierra una sesión o se apaga un teléfono, el daño que se coloca puede ser irreparable y lleva al individuo fuera de la realidad en un espacio efímero, de un ser promotor de ofensas, injurias y difamaciones, que además, situado en un contexto de bajo espectro cognitivo se considere de gracia y acierto lúdico. 

El otorgar el "perdón" o "pedir disculpas" pueden ser acciones que no siempre resuelvan esta forma moderna de agresión y de existir tales escenarios puede en casos serios, ser demasiado tarde.




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